Harold Leal

Provengo de una familia sureña que alimenta sus corazones tendiéndole una mano cariñosa al que lo necesite y quiera recibir. Creo que la labor de la Fundación refleja precisamente ese espíritu y me permite proyectarlo a tantos kilómetros de mi hogar. Asimismo, me permite retribuir con amor y alegría a todas esas manos que llegaron a mí cuando inicié mi nueva vida como paciente oncológico a los 29 años. Agradezco la oportunidad de poder aportar con entusiasmo a la labor de nuestra Fundación, al Instituto Nacional del Cáncer y a cada persona que requiera nuestra compañía y apoyo.

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